Historia y Tradiciones

Curaco de Vélez es una comuna que se encuentra en el extremo oeste de la isla de Quinchao, la cual es parte de la Isla Grande de Chiloé. Comparte la Isla Quinchao con la comuna de Achao, que se encuentra en el extremo este y que además comprende una serie de islas periféricas.

Desde la Isla Grande de Chiloé, en la comunidad de Dalcahue existe un abordo de barcaza que traslada a las maravillosas tierras de este antiguo poblado que nos deleita de sus ricas tradiciones y paisajes.

Curaco de Vélez es un antiguo caserío chilote, surgido a inicios del siglo  XVII,que está marcado por el desarrollo comercial y portuario que vivió  la provincia desde mediados del siglo XIX hasta el terremoto de 1960.

Curaco fue un pueblo próspero, que con este desastre vio desaparecer el tradicional “barrio bajo”, emplazado junto a la playa, donde se concentraban viviendas, bodegas, el comercio y la mayor parte de los servicios del pueblo. 

También, en 1971 la comunidad sufrió la irreparable pérdida de su iglesia, levantada a comienzos del siglo XX y consumida por un incendio, que además destruyó las construcciones aledañas. Posteriormente, en el mismo sitio se construyó un moderno templo y la casa parroquial.

En el poblado, que es una capital comunal, todavía se mezcla la vida campesina con la urbana, por lo que sus calles y su gente conservan el tono pausado de antaño y logran trasladar a unos cientos de años atrás, entre casas de tejuelas, árboles, agua y  aves. 

Estas casas son el reflejo de una época próspera, cuando abundaba la madera y existían hábiles carpinteros; también, las viviendas expresan una forma de ser, un estilo y un modo de vida de otros tiempos.  

 

 y un modo de vida de otros tiempos. Caminar por Curaco es revivir ese pasado.

En las calles Errázuriz, Las Ánimas, Galvarino Riveros y 21 de mayo, es posible observar viviendas construidas en las primeras décadas del siglo XX, evidenciando estilos imperantes en la época, de gran tamaño y hermosas fachadas, adornadas con balcones, miradores, diversos cortes de tejuelas, puertas y ventanas finamente trabajadas.

Las demás calles, construcciones y adelantos urbanos, surgieron en las décadas siguientes, gracias a la unión de sus habitantes y el empuje de las autoridades locales, quienes guiados por el anhelo de preservar el patrimonio  y sus creencias hoy dan vida a este hermoso lugar. Promoviendo siempre el respeto a la naturaleza y su esencia, se construyó este poblado que representa un total equilibrio entre la vida urbana y rural.

Un orgullo del pueblo es la Plaza, recientemente remodelada, donde por un lado se ubica el monumento da Galvarino Riveros, inaugurado en 1931, y por el otro una cripta, en la que desde 1998 se guardan los restos y recuerdos de este héroe curacano y de la Guerra del Pacífico.

Frente a la plaza, se levantan antiguas y modernas construcciones, entre ellas el “Centro Cultural Bicentenario”.

A un costado de este edificio, en el Cuartel de Bomberos, se guarda la bomba de palanca más antigua de Chile, llegada a Valparaíso en 1851, la cual fue traspasada al Cuerpo de Bomberos de Ancud en 1861, y finalmente de éste a la Comunidad de Curaco en el año 1924, donde fue utilizada por varias décadas y hoy se conserva como reliquia.

Desde Curaco de Vélez, siguiendo la calle Gabriela Mistral, se toma un camino costero que conduce a Changuitad. En el trayecto se pasa por la “rambla”, antiguo muelle de embarque y desembarque, frente al faro de Curaco. Siguiendo por la costa se pueden observar conchales arqueológicos y una moderna ostricultura; por el camino hay casas tradicionales y campos cultivados.

Changuitad fue el lugar de nacimiento del héreo de la Armada Galvarino Riveros Cardenas, en 1829, por ello en el sector se construyó un museo donde se recrea la vida y época de este marino chilote. Junto al museo, la Armada de Chile levantó un monumento a este Contralmirante.

Próximo al museo, hay un molino de agua, y siguiendo por el camino costero existe un mirador turístico, con una sorprendente panorámica hacia el canal y con la imagen de Curaco de Vélez al fondo. Siguiendo este camino, continúan sorprendiendo los paisajes rurales y naturales, hasta llegar a la carretera que une El pasaje con Curaco.

Un punto obligado para todos quienes visitan el poblado es la costanera de Curaco de Vélez, también remodelada recientemente. En su recorrido se puede comprar artesanía y disfrutar de las exquisitas ostras del lugar. Hay espacios para niños y una playa apta para el juego. Junto al hermoso paisaje de la costanera, habitan cientos de cisnes de cuello negro que convierten a este rincón en un lugar de ensueño.

En esta playa desemboca el río Vélez, donde siempre hubo molinos de agua y en el que se iniciaron los cultivos salmonideos de Chiloé a fines de la década de 1970.

En Curaco de Vélez se desarrollan durante todo el año actividades culturales, deportivas y recreativas, pero destacan en la temporada estival, los encuentros costumbristas y la tradicional semana curacana, que culmina con el Festival del Cisne, un evento donde se corona a la reina y se brinda un espacio para la música, con participantes de toda la región y artistas de renombre nacional.

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